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Sueños de Primera

Ale Bustos y una vida doblemente atravesada por el fútbol

junio 23, 2020
Alejandro Bustos se recibió de Periodista Deportivo en la EPD | Foto: Instagram Ale Bustos

Es un apasionado por el fútbol, tanto que ejerce dos profesiones para poder estar vinculado al mismo.

Por Antonella Arcangeletti

aarcangeletti@gmail.com | suedeprimera@gmail.com

Alejandro Bustos tiene 26 años, es hincha acérrimo de Belgrano de Córdoba y ha pasado más de la mitad de su vida mirando fútbol. Por las razones de la vida no fue jugador profesional, pero eso no le impidió ser parte del mundo futbolero.

Vinculando pasiones, estudió Periodismo Deportivo, porque siempre quiso ser periodista. Y de grande sumó otro gustito: se convirtió en árbitro de fútbol. Y es así como transcurren sus fines de semana en tiempos sin pandemia: entre las tarjetas y los micrófonos.

En diálogo con Sueños de Primera contó cómo nace su pasión por la pelota, cómo es ser periodista y árbitro al mismo tiempo, cómo afecta la pandemia a su trabajo y mucho más.

¡Sueños de Primera te invita a conocerlo!

¿De dónde viene la pasión por el fútbol?

-Viene de mi hermano mayor que es hincha enfermo de Godoy Cruz. Me inculcó esta pasión cuando yo tenía entre 10 y 12 años, haciéndome ver fútbol cuando el Tomba militaba en la B Nacional que no era tan difundida como ahora.

Veíamos mucho también a Boca y River. Mamé de chiquito el River de Gallardo, del Burrito Ortega, D’Alessandro y una época final de Francecoli; y el Boca de Chicho Serna, Cagna, Arruabarrana, el Mellizo, el Patrón Bermúdez, Palermo en su mejor momento y todo eso.

-¿Siempre quisiste ser periodista? ¿Cómo?

-Quiero ser periodista desde los seis años. Hacía reportajes en casa con el tubo de cartón de las servilletas: iba por la casa entrevistando a mi mamá, mi papá y mis hermanos. En los actos escolares salía siempre porque siempre fui muy palangana y charlatán. La elección de la profesión la tengo muy en clara desde ese momento.

-¿Qué tipo de periodista te gustaría ser?

-Me gustaría ser un periodista serio y creíble. Creo que la credibilidad hace al periodista y una vez que se la pierde el periodista pierde su misión. Se debe crear noticias que sean creíbles por la gente, sin importar si es un millón de personas o son cuatro. Si la gente te cree tenés que darte por satisfecho porque estás haciendo bien tu trabajo.

-¿Te apasiona algún otro deporte?

-Me apasiona muchísimo el automovilismo y el básquet, soy un enfermo. Miro mucho cuando no puedo ver fútbol.

-¿Y el arbitraje cuándo apareció en tu vida?

-No pude ingresar al mundo del fútbol como jugador, lo que le pasa a casi al 90% de los periodistas deportivos, y me metí al fútbol por el lado del arbitraje. Quise incursionar, pero era muy chico y tenía que esperar hasta los 18 años. Me metí en el periodismo deportivo y después se volvió a prender la llamita del arbitraje y cerca de los 20 años hice el curso para ser árbitro. Estoy muy orgulloso y contento de serlo.

¿Cómo es ser árbitro de la Liga Mendocina de Fútbol?

-Es bastante satisfactorio, porque te da alegría y estás haciendo lo que amás. Uno tiene que tener amor por lo que hace, aunque la profesión del arbitraje es la menos querida, lo sabemos todos, pero es una profesión en la que tenés mucho carácter. También tenés que tener mucho conocimiento y mucha docencia. El árbitro tiene que explicarle el reglamento al jugador en una milésima de segundo, no podés darle una clase magistral en 90 minutos, pero hay jugadores que no lo conocen entonces tenés que explicarle y marcarle el error rápido.

Es lindo, es bastante lindo y gratificante. No tenés las luces de Buenos Aires y no tenés que convivir con el fútbol jungla que tienen allá. Acá todavía se juega al fútbol y ese amor que tienen los jugadores y los dirigentes por el fútbol también lo tenemos los árbitros y es el verdadero amor por el fútbol. Acá y en varias provincias del interior, el fútbol sigue siendo un deporte y hay que estar totalmente agradecido por eso.

-¿Es una profesión rentable?

-No lo es. No se puede vivir del arbitraje bajo ningún aspecto, como tampoco se puede vivir del fútbol en categorías que no sean de B Nacional o Superliga. La mayoría de los árbitros de la Liga Mendocina, de la Liga Sanrafaelina, de la Liga del Este, y de todas las ligas del país, por no decir todos, trabajan de otra cosa.

Los árbitros del Consejo Federal, que dirigen categorías superiores, firman contrato con AFA y perciben salario básico, obra social, entre otros.

-¿Qué preferís dirigir, mayores o menores?

-Prefiero dirigir menores, porque son mucho más jugadores de fútbol. Van a divertirse y a jugar. Trato siempre de hacer mi docencia desde lo que puedo, resaltando que el fútbol es un deporte, un juego y que se tienen que divertir y pasarla bien; hasta les digo que Messi en finales de Champions también se divierte.

Los mayores son más complicados de llevar. Me ha tocado dirigir a jugadores más grandes que yo y es complicado.

¿Percibís situaciones de violencia cuando dirigís?

-Sí, todo el tiempo. Desde los vestuarios, una arenga es violenta cuando dicen cosas como “le vamos a mostrar a estos quiénes somos”. Percibirlo en chicos tan chiquitos lo pone a uno a pensar. Como juez uno intenta esa docencia de explicarle que no tienen que romper nada a nadie, sino que solo se tienen que divertir.

Los padres también son violentos por ahí. No entienden que lo que pasa adentro del campo de juego es para dirimirse entre los 22 jugadores y los tres árbitros. Los padres tienen que ir a ver cómo su hijo juega y alentar a su hijo y a su equipo.

Las demás situaciones de fuerza, de roce y de golpe son cuestiones tendientes al juego y quedan ahí. Los niños no van a jugar de mala leche, como sí pasa a veces con adultos.

Pero situaciones de violencias hay todo el tiempo: entre jugadores, entre jugadores y el árbitro, entre dirigentes, entre cuerpos técnicos entre ellos y con el árbitro o con los jugadores. Hay miles de situaciones así. Es lamentable, pero es moneda corriente.

-¿Cómo llevas la dialéctica entre ambas profesiones?

-El arbitraje me ha dado muchísimo aprendizaje cuando tengo que hacer notas de fútbol, o relatar o comentar partidos de fútbol. Aprendés a verlo de otra manera. Ponele, si trabajás en un medio partidario, el árbitro va a fallar siempre contra tu equipo. La objetividad dentro de los medios se pierde, es una línea muy fina.

El arbitraje a mi me enseñó a ver el fútbol con esa óptica de árbitro y ponerte del otro lado del mostrador, porque hinchas del fútbol somos todos, pero el árbitro es una autoridad que se tiene que comportar como tal todo el tiempo. Uno nunca deja de ser árbitro y se ven y viven diferentes todos los aspectos de la vida.

Llevo de la mano ambas profesiones. Lo que sé de periodismo lo vuelco en el fútbol cuando voy a dirigir y mis conocimientos como árbitro los vuelco cuando ejerzo como periodista.

-¿Y con la pandemia y la suspensión de actividades?

-La pandemia nos afectó un montón a los árbitros. Estamos parados desde marzo y no sabemos bien cuándo vuelve la actividad. Soy parte de la Unión Mendocina de Árbitros (UMA) que ha generado un fondo común para que puedan disponer los árbitros que tengan algún problema económico.

En cuanto al periodismo es sacar información como se puede, de donde se puede y como va surgiendo. Con la vuelta del fútbol europeo estamos más contentos porque accedemos a la información de ahí. Pero nos ha cambiado la vida a todos.

¿Te imaginás tu vida sin fútbol?

-Bajo ningún aspecto. Sería lo más triste. Ya de por sí estar 90 días sin fútbol argentino me está matando, soy un enfermo. Imaginate una vida, no podría vivirla.

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